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Cómo resolver el problema de la basura en Paraná

Casi la mitad de los residuos sólidos de la ciudad no llega al volcadero municipal y termina en microbasurales o arroyos, según el ingeniero y ambientalista Hernán Pirro

*) Por Francisco Uranga.

La calle Valentín Denis, en Bajada Grande, muere en un pequeño parque triangular con juegos infantiles. A pocos metros de donde juegan los chicos hay un basural de más de un metro de altura. No es una imagen aislada. Los microbasurales forman parte del paisaje habitual de la ciudad y son un fenómeno que tiende a agravarse. Casi la mitad de los residuos de Paraná no llega hasta el volcadero municipal y termina en terrenos baldíos, calles, parques o arroyos, según Hernán Pirro, ingeniero y ambientalista. Pirro es secretario de planeamiento de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Paraná y ha diseñado un modelo de gestión integral de los residuos sólidos urbanos para la ciudad.

“El problema técnico se puede resolver, pero tiene una gran complejidad social”, explica Pirro y apunta a la necesidad de poner un especial énfasis en la inclusión social de los recolectores, el saneamiento del los terrenos y arroyos y el tratamiento de enfermedades vinculadas a la contaminación. Un relleno sanitario por sí solo, como propuso el gobierno municipal, no es una buena solución, advierte el ingeniero. “La propuesta tiene que ser integral”, sostiene.

La gestión de residuos es un proceso de varias etapas: separación en origen, recolección, tratamiento y disposición final. Para cada una, Pirro plantea mejoras sobre el sistema actual de Paraná. “La separación en origen es fundamental porque permite ahorrar energía y facilita el reciclaje. Es poco racional mezclar los distintos tipos de residuos y después gastar energía para volver a separarlos y descontarminarlos”, explica. Pirro recomienda incorporar contenedores diferenciados para material seco y húmedo, lo que simplificaría la tarea de separación domiciliaria. Esta instancia debe estar acompañada de campañas de educación y concientización sobre la importancia del compromiso ciudadano.

Para la recolección, el ingeniero recomienda la implementación de dos sistemas diferenciados. Para los residuos secos —papel, plástico, cartón, vidrio y metales—, propone la utilización de camiones compactadores como los que usa actualmente la Municipalidad. Para los húmedos, sugiere el empleo de camiones que permitan moler los residuos para que luego sean utilizados para la producción de compost. “Con este sistema y el rediseño de los recorridos de los camiones se puede mejorar la eficiencia en el uso de los recursos de la municipalidad”, plantea. Esta solución aborda solo la parte de los residuos que circula por los circuitos formales de recolección, pero deja afuera a la gran porción que se desvía por otros canales y terminan en minibasurales.

El tratamiento de los residuos

El material seco es actualmente enviado a la planta de clasificación y tratamiento Manuel Belgrano, instalada en el oeste de Paraná. Los residuos circulan en la planta por una cinta transportadora, donde los clasificadores separan manualmente el material y lo clasifican para su posterior venta y reciclaje. Los componentes que no son retirados de la cinta siguen de largo y tienen el mismo destino que el material húmedo: el volcadero municipal.

Un camino sin asfaltar rodeado de basura conduce hasta el vertedero de la ciudad. El volcadero es un gran montículo de basura sobre una barranca con vista al río que todos los días es visitado por los camiones de la municipalidad y por carros tirados por caballos y motocarros. A un costado viven varias familias de paranaenses que trabajan como recuperadores de residuos. “La basura genera gases que provocan incendios y contaminan el aire. La población que vive en la zona respira un aire que no es sano”, advierte Pirro.  Una de las intervenciones más necesarias, considera, es el saneamiento del volcadero. “Debe limpiarse y reemplazarse por tierra nueva, para eliminar los gases que están contenidos en la tierra y dejar de contaminar los bañados”, propone. El saneamiento del volcadero, como así también de los minibasurales y arroyos son los proyectos más costosos y que demandarán más tiempo, señala el ingeniero.

El volcadero es el destino final de la basura que no es recuperada en la planta Manuel Belgrano. La municipalidad mezcla los desechos con tierra y broza y los apisona, sin ningún otro tratamiento. El ingeniero Pirro plantea como alternativa la instalación de una planta de tratamiento de residuos orgánicos para la elaboración de compost, un producto que se utiliza como mejorador de suelos.

Con una mayor separación en origen y la planta de producción de compost, se puede reducir considerablemente la cantidad de material que finalmente no puede ser tratado, destaca Pirro. Una vez separados los componentes reciclables y procesados los orgánicos para compost, el residuo remanente podría enviarse a un relleno sanitario. “Pero es un volumen mucho menor que si se enviara la basura en bruto”, explica.

La cuestión social, el principal desafío

La Municipalidad de Paraná lanzó en 2013 el programa Recuperadores de Derechos, que buscaba reemplazar los carros tirados por caballos por motocarros y la regularización de los recolectores informales de basura. En los últimos tres años, sin embargo, ha perdido empuje, lamenta la proteccionista de animales paranaense Susana Cicchitti, una de las impulsoras del proyecto. Cicchiti explica que el programa estaba basado en el modelo de Río Cuarto y que no solo buscaba combatir la tracción a sangre, sino promover la inclusión social. “Se entregó uniformes a los recolectores y se los inscribió en el monotributo”, destaca la proteccionista.

El ejemplo de la ciudad cordobesa tenía otros instrumentos que no llegaron a implementarse en Paraná, aclara la exdiputada socialista Emma Bargagna. “La Municipalidad de Río Cuarto tiene un rol activo en la búsqueda de mejores precios para los residuos. Esto permitió que mejoraran significativamente los ingresos de los recolectores”, destaca Bargagna. La intervención estatal no solo permitiría una mejora en las condiciones materiales de quienes trabajan en la cadena de valor de los residuos, sino que puede ser un instrumento para reordenar los circuitos de recolección informales y combatir la generación de minibasurales. Si los recolectores recibieran un mejor pago por llevar los residuos hacia los puntos oficiales de recolección, sería un incentivo para evitar las acumulaciones de basura en otros lugares.

Una solución integral y sostenible al problema de la basura demanda inversiones y, sobre todo, tiempo. Excede la tarea de un gobierno y de una fuerza política. Demanda amplios consensos, no solo entre los partidos, sino también con los sectores productivos, la sociedad civil y la ciudadanía general. Pirro destaca que existen soluciones técnicas que se pueden poner en práctica relativamente rápido y sin grandes esfuerzos presupuestarios. Pero para que tengan éxito requieren de una condición fundamental: que se mantengan en el tiempo como una política de Estado.

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