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Los desafíos de la citricultura en Entre Ríos

*) Por Francisco Uranga | @Patxiuranga

La espectacular caída del precio del petróleo del año pasado tuvo consecuencias fulminantes para el sector citrícola entrerriano, que aún no logra recuperarse. “¿Pero qué tendrá que ver?”, se preguntarán algunos.  La explicación es simple, aunque la asociación no sea tan obvia: uno de los principales afectados por el desplome de la cotización del oro negro fue la Federación Rusa  y esto forzó una devaluación del Rublo del 50%  entre julio de 2014 y febrero de este año. “¿Y entonces?”. Rusia es el principal destino internacional del citrus de la Provincia, representa el 65% de las ventas entrerrianas de cítrico dulce  al exterior;  la devaluación de su moneda y la consecuente caída de sus importaciones impactó de lleno en las ventas de los productores locales.

El segundo destino de exportación es la Unión Europea, que concentra el 25% del cítrico dulce. En el marco de la honda crisis que está  atravesando la zona euro, la moneda única sufrió una depreciación del 20% entre julio y febrero. En paralelo, aumentaron las presiones proteccionistas dentro del bloque lo que desembocó en el incremento de los aranceles de ingreso de citrus del 12% al 18%.  Como agravante, algunos países competidores en este rubro, como Sudáfrica y Perú, están mejor posicionados de cara a la Unión Europea: tienen firmados Tratados de Libre Comercio y, por lo tanto, no deben pagar estos derechos de importación.

El panorama del frente externo se completa con dos prohibiciones: el ingreso de cítricos argentinos está vedado en Estados Unidos y en Brasil, los dos mercados más importantes de América. Si bien formalmente ambos países esgrimen argumentos fitosanitarios, desde el Gobierno de Entre Ríos afirman que existen motivaciones políticas detrás de esta restricción.  La situación contrasta con la que se vive en Uruguay, donde tienen abiertos los canales para exportar hacia ambos países.

La combinación de estos tres aspectos trajo aparejada una consecuencia colateral: generó una sobreoferta en el mercado doméstico provocando una caída del precio local que hoy en día apenas alcanza a cubrir el 60% del costo de producción, según las estimaciones del Ing. Julio Jaime, Presidente de la Federación del Citrus de Entre Ríos (FeCiER).

En realidad, la crisis del Rublo no hizo otra cosa que poner en evidencia los déficits estructurales del sector. Otros países exportadores de citrus, como Sudáfrica y Australia, sintieron el impacto pero pudieron sobrellevarlo mejor gracias a la mayor productividad de su citricultura. Según los representantes gremiales del sector, en Entre Ríos existen “marcos de plantación de hace 30 años, donde apenas se producen 400 plantas por hectárea, mientras que los modelos de alta intensidad permiten producir entre 800 y 900 plantas”.  El diagnóstico es muy claro: es necesaria una reconversión productiva de la citricultura entrerriana.  No se trata de una crisis coyuntural y deben encararse transformaciones estructurales para encontrar soluciones de fondo.

Al atraso productivo debe sumársele, como un factor distorsivo adicional, el proceso inflacionario que se viene desarrollando en nuestro país desde 2007 y el atraso cambiario que trajo como consecuencia.  Con un tipo de cambio fijo y costos que se incrementan año tras año, la competitividad se fue deteriorando progresivamente. El mayor impacto está relacionado con incrementos en los costos del transporte y en menor medida el de la mano de obra.

El último punto a considerar es la existencia de derechos de exportación (retenciones) sobre los productos cítricos, que si bien son moderados (5%,) resultan difícil de justificar comprendiendo la realidad del sector y el contexto internacional.

¿De qué hablamos cuando hablamos de «citrus»?

Distribución de plantaciones en Entre Ríos por especie (% superficie implantada):

superficie citrus 4

Un sector con elevado impacto social

“El sector citrícola no es un gran generador de divisas como la soja”, reconoce el Ing. Julio Jaime, “sin embargo, tiene gran impacto desde el punto de vista social en los departamentos de Concordia, Federación y Colón”. Es que el 80% son pequeñas empresas familiares, aproximadamente 1.900 productores, con establecimientos de entre 20 y 30 hectáreas y solo el 20% restante son grandes quintas de más de 200 hectáreas. Se estima que la actividad agroindustrial citrícola entrerriana genera unos 11.000 puestos de trabajo, entre permanentes y transitorios, lo que la posiciona como la cadena de valor que más trabajo genera en la provincia.

La contracara de la baja productividad del sector son los bajos salarios y la informalidad laboral, lo que deriva en el desfinanciamiento del Sindicato Obrero de la Fruta y su Obra Social, generando una situación social compleja que requiere especial atención y políticas activas para abordarla.

La estructura productiva del sector

En Entre Ríos hay aproximadamente 45 mil hectáreas destinadas a la citricultura, distribuidas entre los departamentos de Federación, Concordia y Colón. Según estimaciones de la Federación de Citrus de Entre Ríos, hace una década había 16 millones de plantas, aproximadamente; el objetivo es alcanzar los 32 millones en el mediano plazo. Para poder definir los parámetros técnicos necesarios para la planificación del desarrollo citrícola, la organización que nuclea a los productores de la provincia está impulsando un censo que les permitirá conocer en detalle la situación sectorial.

La mayor parte de la producción tiene como destino el consumo fresco en el mercado interno (60%), un porcentaje reducido se destina a la exportación (20%) y el restante tiene por destino la industria (20%). Según el Plan Estratégico definido por la Cámara de Exportadores de Citrus del NEA, el objetivo es elevar las exportaciones para que  el 40%  se venda al exterior. La posibilidad de cumplirlo está subordinada a la capacidad del sector de modernizar su estructura productiva para aumentar su productividad.

Por otro lado, Entre Ríos presenta un marcado déficit en la integración vertical: existe muy pocas instalaciones industriales de procesamiento para elaboración de jugos a partir de cremogenados, la principal alternativa al consumo fresco. Entre ellas, las más importantes son Baggio, ECA y Puro Sol.  La fábrica de jugo instalada en Villa del Rosario, que próximamente entrará en producción, es un avance en la consolidación de esta etapa del proceso, pero aún resta mucho por hacer.

Un punto a favor: Argentina es zona libre de HLB (Greening), una enfermedad que afecta a la citricultura y tiene efectos devastadores sobre los cultivos. Sin embargo, la presencia de la misma en Brasil enciende las alertas y exige un esfuerzo permanente e importantes inversiones para combatir su ingreso. En tal sentido, es importante destacar el “Programa de fortalecimiento sanitario para la citricultura” del Ministerio de la Producción de la Provincia, que brinda financiamiento a tasa subsidiada a los productores locales como una herramienta para combatir el HLB.

En el plano institucional, sería importante  la creación organismos a nivel provincial y nacional dedicados al estudio de la situación del sector y a la articulación entre el Estado y los productores para definir políticas públicas e instrumentos políticos necesarios para su desarrollo y modernización.

Una política desarrollista para el citrus entrerriano

El principal desafío que tiene por delante el sector es la reconversión productiva, cuya mayor restricción es la falta de financiamiento con condiciones accesibles para los productores. ¿Cuáles serían “condiciones accesibles”?. Según representantes del sector: “un crédito que contemple las características del proceso citrícola, que tarda entre 5 y 6 años en generar producción comercializable”. Consideran que períodos de amortización de 7 u 8 años, a una tasa entre 7% y 9% y períodos de gracia de 3 años serían condiciones suficientemente beneficiosas para dar el impulso necesario. Lejos están estas aspiraciones de la situación actual: el Banco Nación ofrece créditos a tasa del 20% al 25% con plazos de amortización de 5 años. La FeCiER estima que se necesitan entre 70 y 100 millones de dólares de inversión para completar la modernización del sector.

Estamos en un año electoral, nuevas autoridades arribarán a la Casa Gris el 10 de diciembre. Independientemente de su signo político, tendrán que hacerse cargo de la delicada situación que atraviesa la citricultura entrerriana. Si quieren atacar los problemas desde su raíz y no limitarse a medidas paliativas, deberán abordar en forma impostergable la reconversión productiva, una política con innegable importa desarrollista.

Francisco Uranga 2Francisco Uranga

Ingeniero Industrial
Vicepresidente de FUNDER
Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).

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