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Los desafíos de Paraná entre 2019 y 2023

FUNDER trabajó en 2018 en definir la agenda para el desarrollo de Paraná. Creemos que el año electoral es una oportunidad para poner los problemas de la ciudad en el centro del debate

*) Por Francisco Uranga.

Comienza un año electoral con calendario adelantado. En los próximos meses los debates sobre la ciudad ocuparán parte de la sobremesa de los paranaenses. Paraná llega a 2019 con desafíos claros en el horizonte. Con una mirada más general, se pueden clasificar las cuentas pendientes en tres pilares: la concepción de una visión de largo plazo y un modelo de desarrollo sostenible, la transformación del Estado y la construcción de una ciudad socialmente inclusiva.

El principal desafío es la dificultad para crear empleo privado formal. La estructura del mercado laboral paranaense pone en evidencia por qué es el principal problema. De cada nueve trabajadores, tres son empleados públicos, dos y medio cuentapropistas, dos asalariados en blanco, uno es asalariado en negro y medio es empleado doméstico. En términos de ingresos, un empleado público cobra en promedio un 50% más que un asalariado en blanco. Esto refleja la falta de potencia de la economía paranaense, que gira en torno al sector público. Buena parte de los asalariados privados trabajan en comercios y servicios que dependen del consumo de los trabajadores estatales.

¿Cómo dinamizar la economía local? La creación de empleo está condicionada en gran medida al contexto macroeconómico y las políticas provinciales y nacionales, pero los municipios tienen margen para incentivar la radicación y creación de empresas y puesto de trabajo. El proyecto del Polo Tecnológico era una buena idea en ese sentido. La discusión sobre el emplazamiento —la propuesta original era instalarlo en el Parque Nuevo— hizo que la iniciativa naufragara. Pero puede reflotarse, con otra ubicación, mejor enfocada y con una real decisión política de concretarla.

El desarrollo de Paraná se potenciaría con un nuevo polo o parque industrial, orientado a industrias con base tecnológica, intensivas en conocimiento y sustentables con el medio ambiente. Existen ventajas comparativas en este sentido: en la ciudad y alrededores hay cuatro universidades, de las que egresan profesionales con excelente formación y poca salida laboral. La Facultad de Bioingeniería, por ejemplo, es un centro de conocimiento destacado y subaprovechado.

La discusión sobre el empleo está atada a una más general, sobre el modelo de desarrollo local y qué ciudad queremos  construir en los próximos 20 años. En Paraná conviven distintas visiones: hay una Paraná administrativa, una Paraná industrial, una Paraná comercial y algunos intentos de una Paraná turística. Falta la visión integradora y de futuro, que nos permita comprender qué vamos a producir, a quién le vamos a vender, cómo vamos a generar riqueza y cómo vamos a gestionar el territorio y nuestros recursos para construir una ciudad con mejor calidad de vida. Son preguntas clave y orientadoras de la planificación estratégica de la ciudad. Son preguntas que necesitamos responder. El transporte, la infraestructura, la calidad de los servicios públicos y los usos de suelo dependen en gran medida de esa respuesta, que tiene que ser consensuada, para que sobreviva más allá de una gestión de gobierno y se convierta en una política de Estado de los paranaenses.

La sociedad civil se convirtió en un actor de peso y tiene que formar parte de esos consensos. Ya hay sectores trabajando en ese sentido. El proyecto Entre Ríos entre arroyos es un ejemplo de planificación participativa. Es una iniciativa impulsada en conjunto por el sector privado y la sociedad civil organizada que logró articular una red de actores que propone un modelo de desarrollo territorial que contemple a los arroyos en la planificación, lo que implica la definición de usos de suelo, la construcción de infraestructura considerando las cuencas en su conjunto, el cuidado de los recursos naturales  y la integración socio urbana.  El próximo paso es que el Estado se involucre y convierta esta buena idea en una política pública.

La transformación del Estado

En una charla informal, bajo reserva y con la condición de que no se conociera su nombre, un funcionario nacional me describió a Paraná como “una municipalidad con graves problemas de gestión”. Y me explicó cómo eso se traducía en un perjuicio para la ciudad en materia de obra pública: la resolución de trámites y expedientes se demoran —hasta un año—, lo que retrasa los envíos de fondos de Nación al municipio y el pago a los proveedores, causando la paralización las obras. Además de dejar una obra inconclusa, significa menos empleo y actividad económica. Los problemas de gestión no son costosos de resolver, pero requieren de una visión diferente y de la determinación de llevar adelante los cambios.

La transformación del Estado es una gran cuenta pendiente en Paraná. La agenda de modernización no caló en los últimos años como sí lo hizo en otras ciudades del interior. El rediseño de los procesos administrativos y la informatización de la gestión permiten acortar los tiempos de los trámites, mejorar el seguimiento de los expedientes y hacer más sencilla la interacción con el Estado; en definitiva, simplificar la vida de los vecinos. La descentralización de la administración pública, con la instalación de oficinas públicas para hacer los trámites en forma presencial sin tener que salir del barrio son una tendencia en las gestiones municipales del país. Se ha planteado antes en Paraná, pero sin avances concretos en la implementación.

La jerarquización del empleo público es otro debe de la municipalidad. Los ingresos al Estado siguen siendo discrecionales y no por concursos, no está implementada la carrera administrativa, los empleados públicos reciben pocas capacitaciones vinculadas con sus funciones y cobran salarios bajos. Esto explica, en parte, por qué la gestión municipal obtiene malos resultados a pesar de contar con una nutrida dotación de trabajadores y recursos fiscales suficientes.

Las herramientas para modernizar el Estado están disponibles y son conocidas. Hay experiencias cercanas y buenas prácticas de las que podemos aprender, como los caso de de Santa Fe, Rosario y Córdoba.

El retraso de Paraná también es palpable es en materia de transparencia y gobierno abierto. La rendición de cuentas y la publicación de información pública es una demanda creciente. Más aún cuando existe un manto de sospecha sobre la integridad de políticos y funcionarios.

Un gobierno abierto implica un cambio en el vínculo entre la sociedad y el Estado, no se agota en publicar información.  La tendencia es hoy hacia una mayor participación ciudadana en todas las etapas del proceso de elaboración de políticas públicas: diseño, aprobación, ejecución, monitoreo y evaluación. Los Estados, en general, no fueron diseñados para involucrar a la ciudadanía en estas etapas. Si alguien tiene una buena idea y quiere acercarla a un gobierno es difícil que encuentre dónde canalizarla para que llegue a materializarse. Se necesitan mecanismos diseñados especialmente, que generan ámbitos para la  cocreación entre el Estado y la ciudadanía. Santa Fe y su laboratorio de políticas públicas es una buena fuente de inspiración para repensar la forma en que se gestiona la cosa pública en Paraná.

Una ciudad inclusiva

Paraná necesita replantearse el modelo de ciudad. Tiene una traza urbana fragmentada. Hay una clara división de la zona entre boulevares y el resto de la ciudad. La primera fue planificada y tiene una alta concentración de espacios públicos de calidad; la segunda tiene un déficit evidente de planificación y espacios públicos. Son el reflejo de la framentación social y marcas de una injusticia estructural. Una ciudad inclusiva requiere de un compromiso por garantizar la misma calidad de vida y servicios para todos los paranaenses, independientemente del barrio en que viven.

Una vez más, en los arroyos se ven las consecuencias de la falta de planificación.  En sus márgenes se instalan asentamientos de viviendas precarias, que requieren una urgente regularización y una solución duradera para sus habitantes. En sus causes se concentra la contaminación, por efecto de la gravedad que arrastra residuos sólidos y por las cloacas clandestinas. Los déficits de infraestructura cloacal y pluvial provocan inundaciones y desmoronamientos. 

Estos desafíos forman parte de la agenda para el desarrollo de Paraná, un conjunto de problemáticas sobre las que debatimos y trabajamos colaborativamente en 2018 en la Fundación para el Desarrollo Entrerriano (FUNDER). Creemos que el año próximo es una oportunidad para instalar estos temas en el debate político y plantear una propuesta integral, superadora,  que priorice las soluciones para los problemas de la ciudad.

Francisco Uranga
Ingeniero Industrial y periodista
Vicepresidente de la Fundación para el Desarrollo Entrerriano 
Secretario de Comunicación del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID)
Editor de Visión Desarrollista

 

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Sobre FUNDER

La Fundación para el Desarrollo Entrerriano es una organización sin fines de lucro que trabaja desde hace 25 años investigando y estudiando la realidad provincial y generando propuestas para promover el desarrollo de Entre Ríos. Nuestra organización está inspirada en las ideas y la obra de gobierno de Raúl Lucio Uranga (Gobernador de Entre Ríos entre 1958 y 1962) y cumple con la función de rendirle homenaje y mantener viva su memoria.