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Paraná: buscando un buen horizonte para la ciudad

*) Por Ramiro Pereira.

Nunca debiera dejar de recordarse que la política implica la acción (y reflexión) sobre los asuntos públicos, y la vocación de conducirlos.

Ciertamente que a medida que el mundo se ha integrado en lo económico, financiero y cultural, es decir, que va existiendo con mayor consistencia una realidad social global y que consecuentemente surgen problemáticas que exceden las capacidades de los Estados Nacionales, se abre la necesaria perspectiva de instituciones de gobierno globales que, entre otras cosas, posibiliten ajustar a las necesidades del género humano la lógica del capital.

Tal perspectiva nos parece interesante para escapar del provincianismo, esto es, la mirada sesgada y autoreferencial que no permite ver el contexto del tiempo en que se vive.

Ahora bien, la política democrática conserva su dimensión estatal, esto es, la disputa (también la discusión y a veces, la reflexión) referida a la conducción de las instituciones estatales.

En tales instituciones se efectúa un deslinde de competencias entre los distintos niveles de gobierno, apareciendo la municipalidad como instancia inmediata de estatidad.

Tal instancia estatal se asienta sobre un territorio y población que constituye el municipio, y que es la realidad urbana en que transcurre mayormente nuestra vida.

Por cierto que los asuntos públicos de una ciudad lejos están de ser exclusivos del gobierno local. Ahora bien, en el caso de una ciudad mediana y capital de provincia como es la nuestra, no deja de asombrar la falta de agenda política específicamente local.

En efecto, el éxito en la disputa electoral del gobierno municipal entraña la conducción política de un aparato burocrático y sus recursos, pero no se limita a ello, que en todo caso es el instrumento de provisión de servicios y de acciones de fomento económico y desarrollo social para toda la ciudad.

Pero es el caso que no hemos visto, al menos en la última década, ningún atisbo de política local desde el gobierno municipal que apunte al centro de los problemas de la ciudad, en sus diversas facetas.

Y tampoco se ha observado, sea en las distintas facciones de la fuerza política que gobierna la ciudad desde 2003 como en el resto de la dirigencia política local, el planteo de un perfil de ciudad al que se aspire concretar desde la acción de gobierno.

La disputa electoral, y una vez en el gobierno, el control del propio aparato burocrático municipal se lleva la mayoría de los esfuerzos políticos y los recursos económicos, sin que –en general – pueda hablarse de una línea de acción gubernamental.

Por otra parte, la propia Municipalidad de Paraná queda reducida en su capacidad de acción por la disfuncionalidad del propio aparato.

Esto surge claramente hasta de una lectura superficial del presupuesto de la Municipalidad de Paraná, que para el año 2013 asignó el 80,1% de los 738 millones de pesos al pago de personal y de bienes de consumo y de servicios no personales, en tanto que el presupuesto para el año 2013 atribuyó el 80, 28% de los 954,5 millones de pesos a tales conceptos, lo da una pauta del escaso margen de recursos para la acción de gobierno municipal (1).

El peso que siempre ha tenido la administración pública –en primer lugar la provincial, seguida ahora por la municipal- en la economía local tiende a acentuarse, lo que repercute sobre el perfil social y cultural que proyecta nuestra ciudad.

Esto debe mirarse junto a la creciente miseria estructural presente como salpicones en continua expansión por toda la geografía paranaense, para entender que cada vez más nuestra ciudad se desintegra, es decir, hay más territorios poblados donde el Estado y la Ley no llegan; y por tanto los ciudadanos que allí habitan tienen un pobre horizonte vital y carecen de servicios y bienes hoy considerados básicos.

Tal decadencia nos parece inaceptable para esta hermosa ciudad de las barrancas y el río.

Pensamos que la política debe proyectar un aparato burocrático municipal honesto y eficiente, que jerarquice el empleado, desde el cual puedan brindarse adecuadamente los servicios básicos municipales y controlar las diversas actividades económicas, facilitando el trabajo del sector privado, sin obstaculizarlo como muchas veces sucede de manera poco transparente.

A partir de allí es preciso elaborar – por cierto que juntamente con los distintos actores socio-económicos e instituciones de nuestro medio – líneas de acción para fomentar la diversificación de la economía local y la creación de riquezas (bienes y servicios) en nuestra ciudad.

Es hora de que la política local se ocupe de los problemas, y proyecte e instrumente buenos horizontes para la ciudad.

Ramiro PerRamiro Pereiraeira
Abogado
Ex secretario Convención Nacional de la Unión Cívica Radical
Miembro del Instituto Moisés Lebensohn

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