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Un millón de entrerrianos

El túnel subfluvial cumple 50 años en 2019. Recuperamos y actualizamos este artículo de Francisco Uranga para poner en perspectiva que significó su construcción y qué desafíos quedan por delante


*) Por Francisco Uranga.

El siglo XX fue un periodo de dramáticas transformaciones en el mundo. Como es natural, estos procesos de cambio que trastocaron profundamente los modos de vida, las formas de producción y las estructuras sociales, no escaparon a nuestra realidad nacional y tampoco a la de nuestra patria chica, la provincia de Entre Ríos.

La magnitud de estas transformaciones puede verse en la traza que deja la historia en ciertos documentos. Entre ellos, en los censos de población.

Mientras en Europa se desencadenaba la Primera Guerra Mundial, en 1914, en Argentina se realizaba un nuevo censo y se dejaba constancia de que en Entre Ríos vivían 425.373 almas. Durante los 33 años que transcurrieron entre esa fecha y el siguiente censo, en 1947, se produjo la Revolución Bolchevique, concluyó la primera gran conflagración mundial, se inició y finalizó una segunda, y en Entre Ríos la población creció un 85%: en aquel año 787.362 entrerrianos habitaban nuestro suelo. Un incremento notable, que se explica fundamentalmente por una elevada tasa de natalidad y un aumento en la esperanza de vida. Lo que ocurrió entre 1947 y 1970 fue bien diferente. Ese año, el nuevo censo registró una población de 811.691 habitantes en Entre Ríos. ¡Un aumento de solo 24.329 habitantes, un 3%, en 23 años!. Es decir, prácticamente, la población se estancó durante esos años. La causa de este fenómeno es la elevada tasa de expulsión de entrerrianos en aquel periodo.

Para tratar de comprender por qué se produjeron movimientos de estas dimensiones se deben analizar las alteraciones que sufrió la economía mundial a partir de la primera guerra mundial y, especialmente, luego de la crisis del 30. La pérdida de protagonismo en el tablero global del Reino Unido, una economía complementaria a la de Argentina por ser fuertemente dependiente de las importaciones agropecuarias, en manos de Estados Unidos, una economía que competía directamente con la nuestra por tratarse de un importante exportador agrícola, puso en crisis el esquema de inserción internacional argentino, basado en la división internacional del trabajo que tenía como centro al Imperio Británico. Este fenómeno se vio agravado por la aparición de tendencias proteccionistas que promovían mayor autarquía económica, surgidas durante la Gran Depresión en los países desarrollados. El modelo agroexportador tenía sentencia de muerte y nuestro país buscaba un nuevo norte para reencauzar su economía.

La respuesta fue una sustitución de importaciones forzada por el contexto internacional. El periodo de industrialización por sustitución de importaciones tiene un origen difuso cercano a 1930, que claramente cobró mayor fuerza a partir de la llegada del peronismo al poder en 1946. Por el contrario, el final es muy claro: el Rodrigazo y la economía antiindustrialista de Martinez de Hoz. Por lo tanto, podemos considerar, sin temor a caer en gruesos errores, que el periodo comprendido entre los censos de 1947 y 1970 coincide con el fenómeno superpuesto de la crisis el modelo agroexportador y el auge del modelo de sustitución de importaciones.

El impulso industrializador que llegó a la Argentina de la mano del peronismo provocó el desplazamiento masivo de gran parte de la población de las provincias hacia el conurbano bonaerense. Los partidos del Gran Buenos Aires pasaron de representar el 11% de la población en 1947 al 23% en 1970. Este proceso significó la consolidación de la masa obrera y de la distribución geográfica de la población que aún vemos en la actualidad. A pesar de que se trató de un fenómeno de orden nacional, resulta notable destacar que la provincia que se vio más afectada por el mismo fue Entre Ríos.

Nuestra provincia se transformó en la expulsora de población por excelencia, en parte por su cercanía a Buenos Aires, y en buena medida por sus condiciones de atraso relativo. En aquellos años, tenía una economía dedicada casi exclusivamente a la producción agropecuaria, pocos caminos internos pavimentados y ninguna conexión física con las provincias o países vecinos; es decir, era una isla eminentemente rural surcada por caminos de tierra.

Este era el contexto en 1958, cuando llegó a la Gobernación de Entre Ríos Raúl Lucio Uranga. La Convención de Villaguay de la UCRI que había proclamado la fórmula “Uranga-Fernández” en 1957 también sancionó un programa de gobierno, el Programa para un millón de entrerrianos. El título resulta sugerente e ilustra la importancia de la sangría demográfica que sufría la provincia en aquel entonces. La población ascendía apenas a 800 mil habitantes y el objetivo era frenar la expulsión para poder alcanzar el millón de entrerrianos.

Para lograrlo, se trazaron tres ejes:

  • Colonización: se expropiaron 32.137 hectáreas que se distribuyeron entre 300 colonos, para permitir que los hijos de los chacareros se quedaran trabajando la tierra.
  • Industrialización: se instalaron 131 fábricas como resultado de la política de promoción industrial, para incrementar el valor agregado en la provincia y generar nuevas fuentes de empleo.
  • Comunicaciones: bajo el lema “hay que sacar a Entre Ríos del barro” se duplicó la extensión de la red caminera pavimentada y enripiada, lo que agilizó el transporte de la producción en la provincia.

Dentro de este marco general se encuadra la obra más destacada del gobierno de Raúl Uranga: el túnel subfluvial. No se trataba de una obra de infraestructura aislada, sino que formaba parte de la visión de una Entre Ríos diferente, donde se dieran las condiciones para que los entrerrianos pudieran vivir dignamente y tuvieran oportunidades para desarrollar sus proyectos de vida dentro de la provincia. Romper el aislamiento era una condición necesaria, y el túnel fue la forma que adoptó el sueño de esa nueva Entre Ríos.

¿Sirvió el túnel para frenar la expulsión?

Entre 1970 y 2001, la población aumentó hasta alcanzar 1.158.147 habitantes. Es decir, aumentó en 346.456 (un 43%) en 31 años. Unos 11.176 habitantes por año, en promedio. Un cambio de tendencia enorme en comparación con el periodo 1947-1970. El beneficio de esta obra puede contarse con nombres y apellidos, en cada entrerriano que eligió quedarse en su provincia o que pudo volver a radicarse nuevamente en nuestras tierras.

A pesar del cambio estructural que generó el Túnel, todavía seguimos expulsando población. Entre 2001 y 2010, la migración neta (la diferencia entre los que emigraron y los que se radicaron en la provincia) fue de alrededor de 50 mil. Puede parecer un número moderado, y lo es si lo comparamos con la etapa previa a la inauguración del viaducto, pero aún así es mayor que la población actual de Villaguay. Es que romper el aislamiento era una condición necesaria para construir una Entre Ríos que pudiera contenernos a todos, pero era solamente el primer paso.

A 50 años de la inauguración del Túnel, encontramos una provincia que en muchos aspectos es diferente, con una infraestructura vial más extensa, una red de gas natural que cubre gran parte nuestro territorio y una considerable oferta académica a nivel universitario. También vemos cambios en el plano económico. En 2011, Entre Ríos superó a Mendoza en el ranking de las provincias más exportadoras, alcanzando la sexta posición. Se mantuvo en esa posición hasta 2015, cuando comenzó un declive exportador. En 2017 retrocedió hasta la novena posición, detrás  de Mendoza, San Juan y Tucumán. La composición de las ventas de la provincia al exterior muestran, sin embargo, un déficit estructural: el 54% de las exportaciones de 2017 fueron productos primarios con escaso valor agregado. Esto significa que el Túnel y el resto de los puentes que cruzan nuestros ríos no están siendo aprovechados con todo su potencial, sino que siguen transportando gran parte de la producción local hacia los puntos de procesamiento ubicados fuera de la provincia. El perfil exportador de nuestra provincia desnuda parte del problema y expresa los desafíos que tenemos por delante: construir un nuevo proyecto integral de desarrollo para Entre Ríos, como el que se trazó en 1958, pero adaptado a nuestro tiempo.

Francisco Uranga

Ingeniero Industrial y periodista
Vicepresidente de la Fundación para el Desarrollo Entrerriano 
Secretario de Comunicación del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID)
Editor de Visión Desarrollista

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Sobre FUNDER

La Fundación para el Desarrollo Entrerriano es una organización sin fines de lucro que trabaja desde hace 25 años investigando y estudiando la realidad provincial y generando propuestas para promover el desarrollo de Entre Ríos. Nuestra organización está inspirada en las ideas y la obra de gobierno de Raúl Lucio Uranga (Gobernador de Entre Ríos entre 1958 y 1962) y cumple con la función de rendirle homenaje y mantener viva su memoria.