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Voluntad política es lo que escasea

*) Por Patricio Rubinich.

El ciclo de degradación social que comenzara con el golpe cívico militar de 1976 parece no tener fin y profundizarse constantemente. La Argentina de hoy parece hacerle honor a la máxima que postula que »todo tiempo pasado fue mejor» y en la búsqueda de entender el porqué de dicha percepción nos encontramos con acciones y omisiones que explican en gran parte los motivos.

En las últimas décadas la Argentina se vio sumergida en una serie de gobiernos que implementaron políticas públicas que fueron degradando la trama social y los valores de la sociedad argentina. La era neoliberal comenzada por la dictadura cívico militar del ’76 impuso un modelo de subdesarrollo basado en el endeudamiento externo que sólo benefició a grandes grupos económicos nacionales y extranjeros en desmedro de los sectores productivos nacionales. A ello le siguió el advenimiento de la democracia con un gobierno que privilegió el sostenimiento de la democracia frente a la necesidad de declarar ilegítima una deuda externa espuria que aún nos resulta una mochila muy pesada. Alfonsín padeció los problemas económicos derivados de dicha decisión y sucumbió ante la realidad de la hiperinflación y los reiterados paros generales impulsados por la oposición pejotista.

Luego llegó Carlos Menem, quien luego de más de un año de no encontrar remedios, lo encontró o reencontró a Domingo Cavallo. La convertibilidad implementada en 1991 logró estabilizar los precios de una economía sumamente volátil a través de una ficción. La idea de que 1 peso equivalía a 1 dólar conllevaría la pérdida de competitividad de los productos nacionales, brindó la oportunidad de privatizar las empresas estatales destruyendo los últimos vestigios del estado benefactor, la desaparición de la mayor parte de la banca nacional y la introducción de las grandes multinacionales como actores principales de la vida económica. Estas medidas entre otras produjeron una desocupación cercana al 30% a fines de la década del ’90, la migración masiva desde zonas rurales a las grandes urbes, la proliferación de asentamientos precarios en las mismas y la reconversión de la trama social preexistente.

En aquellos años el campo popular comenzó a gestar una idea de desarrollo social relacionada a planes sociales inclusivos que lograran insertar nuevamente a los marginados de la fiesta menemista. Se gestó la idea de la asignación universal a la niñez y comenzaron luchas sociales derivadas de las políticas privatistas. Surgieron los movimientos piqueteros en pueblos que otrora se formaron alrededor de yacimientos de YPF. También proliferó el clientelismo a través de la ayuda social y se multiplicaron los punteros políticos que definen en términos políticos quien merece la ayuda social.

La implosión derivada de la ineptitud de De La Rua y el fracaso de la Alianza generaron un estado de situación que brindó las posibilidades a Duhalde para la devaluación y la consecuente recuperación de competitividad de la economía y el aprovechamiento de la capacidad ociosa acumulada a lo largo de más de dos décadas de degradación de la industria nacional.

El kirchnerismo debía cubrir las necesidades de una sociedad devastada y necesitaba legitimar con imagen su carencia de apoyo en las urnas, ya que Nestor obtuvo el 20 % de los votos posibles en el 2003. Para ello construyó un relato basado en los derechos humanos (de los ’70) y la idea un modelo nacional y popular apoyado en algunos actos de gobierno reivindicatorios de la doctrina nacional argentina.

A pesar de haber multiplicado la inversión en educación pública, los logros no se han evidenciado debido a que mayormente la inversión se enfocó en la construcción de edificios y en el desarrollo de programas educativos mal manejados. La ineptitud de los Ministerios Sociales a nivel nacional y provincial solo sirvió para profundizar el clientelismo. Aumentó a niveles record el nivel de repitencia en la escuela secundaria, bajaron dramáticamente los rendimientos en la pruebas educativas y se generó un desempleo altísimo en el rango de edad de entre 18 y 25 años.

¿Cómo se supera la situación actual?

Hace años venimos reclamando que las políticas sociales dejen de ser clientelistas. La asignación »universal» debe ser realmente universal y se debe trabajar incansablemente en la inserción de los sectores sociales que no lo están en la vida laboral argentina.

Los niveles educativos serán mejores en tanto se capacite a los docentes y podamos permitir que cuenten con un sueldo digno que evite que deban sobrecargarse de horas para poder llegar a fin de mes.

Los recursos existen: hace muchos años Proyecto Sur reclama que sea auditada la deuda externa argentina. La misma que Alfonsín no pudo declarar ilegitima por la debilidad de la democracia post dictadura y que luego Menem financiara con más deuda. La deuda que el Juez Ballesteros declaró ilegitima a partir de la causa iniciada por el Doctor Alejandro Olmos y cuya sentencia nunca fue cumplida por este gobierno que se dice nacional y popular y que fuera ratificada por el congreso con mayoría automática en numerosas ocasiones. La argentina hoy, debe pagar vencimientos de deuda externa hasta 2080. Pensemos todo lo que se puede hacer con el dinero que se nos va por una obligación contraída de manera ilegal por gobernantes corruptos. No seremos el primer país en hacerlo, Ecuador demostró que se puede, no creamos todos los buzones que intentan vendernos. Los recursos existen, la voluntad política en muchos casos no.

Las políticas sociales no son propiedad de un partido o de un político de turno. El arco político debe asumir el compromiso de acordar políticas sociales de largo plazo. Pensar que un problema estructural se supera en una gestión de 4 u 8 años sería intentar tapar el sol con un dedo, por lo que se deberán encarar políticas que necesariamente excederán al gobierno que las comience y seguramente serán usufructuadas por el que lo suceda, pero es justamente la mentalidad de mediocridad política que debemos cambiar para salir a flote.

Patricio RubinichPatricio Rubinich
Presidente de Proyecto Sur Paraná 

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